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Combatir las caricaturas simétricas

11 March 2010

Entrevista al conferencista del IIF Gilbert Achcar *

Olivier Doubre : En la introducción a tu obra /1, precisas haberla escrito con "la intención de combatir las caricaturas simétricas" que se oyen a menudo sobre los árabes respecto a la Shoah. ¿Cuáles son esas caricaturas?

Gilbert Achcar : Esas caricaturas abundan en la guerra de propaganda que tiene lugar entre partidarios de Israel y propalestinos o proárabes. La caricatura propagada por los partidarios de Israel presenta a los árabes como habiendo sido en su mayoría pronazis, utilizando en particular la figura del demasiado célebre mufti Amin Al-Husseini, llamado "Mufti de Jerusalén".

Éste se refugió, en efecto, en 1941 entre las potencias del Eje y pasó el resto de la Segunda Guerra Mundial entre Berlín y Roma, participando activamente en la propaganda del Eje en dirección al mundo árabe y al musulmán, y contribuyendo incluso a poner en pie dos unidades bosnias musulmanas de la Waffen-SS alemana.

Sin embargo, la caricatura exagera considerablemente el papel real del Mufti atribuyéndole una responsabilidad directa en el genocidio judío, pero, lo que exagera sobre todo, es su representatividad o su impacto en el mundo árabe, cuando muchos elementos tangibles muestran con certeza que sus exhortaciones tuvieron en él muy pocos efectos. Hasta tal punto que el ejército británico contó entre sus filas bastantes más árabes solo de Palestina que los combatientes que el ejército alemán tuvo provenientes del conjunto de los países árabes. Por otra parte, se encuentra sin sorpresas una tendencia apologética que intenta encontrar excusas a la actitud del Mufti –lo que rechazo vivamente puesto que no debería haber circunstancias atenuantes para la colaboración con una empresa genocida con conocimiento de causa. En efecto, en sus memorias, el Mufti no oculta que estaba al corriente de la empresa genocida nazi, puesto que cuenta que Himmler le informó en Berlín, en el verano de 1943, de que 3 millones de judíos habían sido ya exterminados. Es por lo que señalo, por otra parte, que el testimonio del Mufti puede ser considerado como una buena refutación indirecta del negacionismo.

O.D. : Abordas precisamente esta cuestión del negacionismo, que se encuentra del lado árabe hoy.

G.A. : Sin que represente, lejos de ello, al conjunto de la opinión pública de los países árabes o siquiera su mayoría, se constata en efecto un recrudecimiento de expresiones negacionistas del lado árabe. Más que un exutorio del antisemitismo, como es el negacionismo occidental, las expresiones árabes son, en la mayor parte de los casos, reacciones, que se podrían calificar de epidérmicas, es decir superficiales y primarias, a "la instrumentalización" –por retomar la expresión de Pierre Vidal-Naquet- que hace el estado de Israel de la Shoah para legitimarse él mismo, legitimar sus actos y precaverse de toda crítica.

Se impone una distinción entre las actitudes antijudías que se pueden encontrar entre europeos y que son una abyección pura y simple, y expresiones antijudías de palestinos que sufren la opresión terrible que sabemos, por parte de un estado que pretende actuar en nombre del "pueblo judío". Nada justifica evidentemente ninguna forma de judeofobia, pero las dos actitudes no pueden razonablemente ser puestas en el mismo plano, igual que no podría ponerse en el mismo plano el antisemitismo de un progromista eslavo y el racismo anti-goyim de un perseguido judío del Shtetl, o el racismo anti negro de un linchador blanco y el racismo anti blanco de un oprimido negro. Sin embargo, demasiado a menudo, se proyectan los términos de la historia europea sobre una situación completamente diferente, que es la de los palestinos en los territorios. Refutando las caricaturas de todo tipo, intento contribuir a una mejor comprensión recíproca, indispensable para un arreglo pacífico y equitativo del conflicto israelo-árabe.

O.D.: En la primera parte del libro, titulada « El tiempo de la Shoah », pasas revista a las diferentes posiciones políticas en el mundo árabe sobre la cuestión judía y el régimen nazi. Muestras que las posiciones francamente antisemitas y que predicaban una verdadera colaboración con los nazis no eran las más numerosas en esa época.

G.A. : Como para cualquier conjunto de poblaciones, las posiciones políticas son muy diversas en el mundo árabe, por mucho que no guste a la caricatura que habla de una actitud árabe en singular.

He distinguido cuatro grandes familias ideológicas en el seno del mundo árabe en aquella época: el occidentalismo liberal, los marxistas, los nacionalistas (tanto de izquierdas como de derechas) y el panislamismo integrista reaccionario. Entre los tres primeros, solo una franja marginal perteneciente al nacionalismo árabe de derechas tuvo afinidades con la Alemania nazi, mientras que una corriente mayor del nacionalismo árabe, como el partido Baath, que llegará al poder en Siria y en Irak en los años 1960, no tuvo ninguna simpatía por el nazismo en los años 1930 y 1940.

Solo el panislamismo integrista va a desarrollar reales afinidades ideológicas con el nazismo en el terreno del antisemitismo a partir de los años 1920, en relación con la exacerbación de las tensiones entre judíos y árabes en Palestina. Rachid Rida, que se puede considerar como el primer teórico del integrismo islamista moderno, va a elaborar un discurso violentamente entijudío retomando los ingredientes del antisemitismo occidental y mezclándolos a otros tomados al corpus islámico medieval –donde se encuentran elementos antijudíos, ciertamente, pero muchos menos que en el corpus cristiano medieval. Sus escritos van a convertirse en la matriz de un discurso que vehiculizarán en el curso de los decenios siguientes los Hermanos musulmanes u otras corrientes integristas musulmanas, y del que se encontrará un eco en la carta de Hamas de 1988.

O.D.: ¿Qué ocurre, en "el tiempo de la Nakba", con el discurso de Nasser y el de la OLP tras la fundación de Israel?

G.A. : El nasserismo fue una ideología en construcción permanente desde la llegada de Nasser al poder. Si se explora la masa de sus discursos y declaraciones, no se encuentran verdaderamente expresiones antisemitas. Sin embargo, en dos ocasiones, en entrevistas citadas sin cesar, pero que son más la excepción que la regla, se verá a Nasser, en un caso, aconsejar la lectura de los "Protocolos de los sabios de Sión" a un periodista indio y, en el otro, emitir una duda sobre el número de víctimas del genocidio judío en una entrevista con un político alemán de derechas. Estas dos expresiones han permanecido aisladas, y el hecho de que en diez y ocho años de poder Nasser no hiciera más que dos declaraciones de este tipo indica claramente que no se trata de elementos centrales de su pensamiento. Había numerosos intelectuales en su entorno, una buena parte de los cuales provenía del marxismo, y sin duda éstos le desaconsejaron vivamente repetir ese tipo de declaraciones.

En cuanto a la OLP, ahí también, el papel de los intelectuales, occidentalistas liberales o de izquierdas cercanos al marxismo, iba a ser muy importante para contribuir a hacer asumir por la organización el reconocimiento de la Shoah y de la cuestión judía europea, sin que eso cambiara nada en su intransigencia sobre la cuestión palestina frente a Israel. Edward Said, particularmente, formó parte de ellos, participando con fuerza en la elaboración de esta perspectiva que considera que la opresión de los judíos en Europa y su paroxismo, el genocidio judío, constituyen una lección para la humanidad entera contra todas las opresiones xenófobas y racistas.

Hay que recordar a propósito de esto que Yasser Arafat, para intentar reparar el daño hecho a la causa palestina por la buena acogida reservada a Roger Garaudy en ciertos países árabes tras su condena en Francia por sus posiciones negacionistas, había formulado una demanda para visitar el museo del Holocausto en Washington. Al no poderse realizar esta visita a causa de la actitud hostil de la dirección del museo, Arafat visitó finalmente la casa de Ana Frank en Ámsterdam, lo que desencadenó una controversia en Israel, pero fue muy poco difundida en Occidente –tan poco como la exposición sobre la Shoah organizada por el pueblo palestino de Niilin en Cisjordania, lugar importante de la lucha contra el muro de separación israelí. Estos ejemplos son para mí reveladores de la imagen caricaturesca del mundo árabe que se construye a golpe de deformaciones y omisiones –devolviendo así a los árabes una imagen deplorable de si mismos, que tiene efectos nefastos y que hay que combatir imperativamente.

Esta entrevista ha sido realizada por Olivier Doubre y publicada en el semanario francés Politis.

Traducida de la versión publicada en Europe Solidaire Sans Frontières. http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article16573

Traducción : Alberto Nadal para VIENTO SUR

Nota:

1/ Gilbert Achcar. Les Arabes et la Shoah. Sindbad/Actes Sud. 522 páginas.

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