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Hugo Blanco, del trotskismo a la vitalidad indígena del Perú

Hugo Blanco

El profesor Andrew Ryder habla sobre el autor del libro We the Indians. The indigenous peoples of Peru and the struggle for land (''Nosotros los indios: los pueblos indígenas de Perú y la lucha por la tierra''). Hugo Blanco es una figura de gran importancia para el pensamiento contemporáneo sobre el potencial revolucionario. Sus ideas y compromiso práctico abarcan dos grandes perspectivas. Otra forma de hablar sobre Perú en Rusia.

Primero la perspectiva de la tradición trotskista que emana de la experiencia de la revolución obrera en Rusia, la crítica vital a su degeneración burocrática y traición. Y la sugerencia de una nueva forma de lucha defensiva armada para proteger los logros de la autonomía de la clase trabajadora .

Segundo punto, la larga e incesante resistencia de los pueblos indígenas contra la toma de sus tierras y de sus condiciones de vida por intereses coloniales y empresariales. Hoy en día, es motivo de gran preocupación si el marxismo se puede extender para acomodar las necesidades y los deseos de los pueblos indígenas que rechazan la asimilación en el modo de producción capitalista.

El trabajo de Blanco presenta un ejemplo crucial del potencial para unir estas dos posiciones y metodologías.

Nosotros los indios: Los pueblos indígenas de Perú y la lucha por la tierra, publicado por el IIRE y Merlin Press, presenta una nueva colección en inglés de los escritos de Blanco a lo largo de su larga historia de acción y aprendizaje.

El libro incluye registros de sus esfuerzos organizativos, su encarcelamiento y huelgas de hambre, y sus reflexiones sobre los valores de la comunidad indígena y las experiencias ecológicas. La obra también incluye su correspondencia con el gran novelista peruano José María Arguedas y su crítica vehemente a la posición neoliberal articulada por Mario Vargas Llosa.

Hugo Blanco, polifacético

Hugo Blanco fue uno de los grandes líderes guerrilleros de la década de 1960. Sin embargo, su estrategia fue notablemente distinta de la variedad practicada en todo el continente en esa época, inspirada por la revolución cubana y las formulaciones del Che Guevara.

El propio Blanco señala que rechazó el método de grupos pequeños y móviles de soldados dedicados que pretenden enfrentar y derrocar rápidamente al estado. En cambio, Blanco pidió una lucha armada defensiva para mantener la autonomía de las áreas indígenas de los Andes, para que una revolución social democrática prolongada pudiera tener lugar en estos territorios.

En este sentido, Blanco en parte hereda ciertas ideas formuladas por León Trotsky, quien sugirió a las milicias populares como la forma socialista propiamente dicha de la organización militar.

En la década de 1960, mientras era miembro de la Cuarta Internacional, Blanco creía que este era un momento de una estrategia revolucionaria más grande que eventualmente podría superar el estado. El enfoque de Blanco también anticipa el método más tarde practicado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Los zapatistas también rechazaron la estrategia del foco a favor de una milicia bajo el control democrático de un proceso social indígena. Al igual que el Subcomandante Marcos, Blanco finalmente decidió que el objetivo de tomar el poder estatal no estaba en el horizonte político de la coyuntura actual.

Sería más realista y efectivo aceptar una postura defensiva que sería más o menos permanente. Esto representa una retirada significativa del enfoque anterior de Trotsky, que insistió en una inevitable confrontación con el poder del Estado y la necesidad de alinearse con los sectores de la clase trabajadora en otros territorios.

José Carlos Mariátegui desarrolló un famoso análisis del ayllu indígena, el espacio comunitario tradicional, como un área de resistencia a la acumulación y disciplina capitalista y el potencial de la acción revolucionaria socialista. Blanco prácticamente promulgó el potencial delineado por Mariátegui.

Blanco cree que el antagonismo entre el país y la ciudad es obsoleto. Esto sugiere que la solidaridad entre diferentes sectores de la clase trabajadora sigue siendo un objetivo esencial; Las comunidades campesinas indígenas no están radicalmente al margen de los procesos de capital, sino que constituyen una capa inusual de la clase trabajadora, una que es particularmente heterogénea a los valores de una sociedad capitalista.

Hugo Blanco está comprometido con la defensa de los pueblos quechua y aymara. Como Mariátegui, cree que han heredado una cosmovisión comunista que es incompatible con el individualismo explotador y la división del trabajo que caracteriza el modo de producción capitalista.

Es significativo que Blanco rechace una definición de esta población de acuerdo con la herencia genética; más bien, considera su identidad como cultural y considera que esta cultura está abierta a la participación de personas de afuera, que pueden ser transformadas y que pueden adoptar indígenas. valores.

Escribe que “gente rubia con ojos azules” puede participar en la comunidad india y que la herencia de sangre es innecesaria. El propio Blanco es de herencia mestiza; Eduardo Galeano lo describe como “ese hombre inteligente y loco que decidió ser indio, aunque no lo era, y resultó ser el más indio de todos”.

Publicado originalmente en La Voz de Peru.

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